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En busca de la confianza perdida

 

En las últimas semanas he estado trabajando en empresas que me pedían trabajar la confianza en el seno de sus equipos.

La confianza es la seguridad o esperanza firme que tenemos en alguien o en algo. También puede definirse como esa seguridad que necesitamos, especialmente al emprender una acción difícil o comprometida. Está relacionada con la predisposición que tenemos para interactuar con las otras personas. De hecho, la desconfianza obstaculiza y frena esa posibilidad de interactuar. Hay quienes afirman, incluso, que es un juicio que nos permite sobrevivir.

Por lo tanto, cuando hablamos de confianza nos referimos a la confianza en nosotros/as, en las personas que están cerca y en las que están lejos. Para mí hay una relación directa entre todas ellas: cuanto más confió en mí, más me permito confiar en las demás personas.

Cuando este juicio se hace de manera intuitiva, generamos un contexto emocional de confianza o desconfianza con quienes nos rodean. Al emitir un juicio de desconfianza estoy alimentando un contexto emocional de desconfianza.

Hay ocasiones en las que elegimos asumir un rol de víctima y nos quedamos esperando a que sea el otro o la otra quien que haga los movimientos necesarios para ganarse “nuestra confianza”, mientras permanecemos a la expectativa.

 

¿Cómo construirla?

La confianza se basa en tres juicios:

1.- Puedes fundamentarla en la sinceridad, juzgando si lo que te dice la otra persona es verdad. Este juicio unas veces está contrastado y otras no, por eso, a veces, nos equivocamos y dejamos de confiar en alguien sin haber contrastado los hechos.

2.- Puedes construirla también a través de la competencia. En este caso juzgamos si una persona es o no competente para cumplir o desarrollar alguna función y esto hace que deleguemos o confiemos en ella. En las organizaciones se hacen juicios sobre las incompetencias de otros miembros y esto debilita las relaciones internas.

3.- La credibilidad. Este juicio afecta a los dos anteriores. En función de las experiencias pasadas con una persona, podremos dudar o confiar de su competencia o sinceridad. Cuando una persona te ha fallado antes, la predicción futura sobre sus acciones no es buena, porque “si fuiste capaz de fallarme un día, entiendo que lo seguirás haciendo”.

 

¿Qué pasa cuando has perdido la confianza?

Es normal que perdamos la confianza cuando sentimos que alguien nos falla, y en esos casos lo principal es analizar en cuál de los aspectos anteriores ha sido. Puede que confíes en su competencia, pero no en su sinceridad. Y será aquí donde tengas que empezar a trabajar.

De ahí la necesidad de desarrollar acciones, en nuestra vida cotidiana o en nuestras empresas, encaminadas a la adquisición de las habilidades y competencias necesarias para gestionar correctamente la confianza.

La confianza se alimenta, entre otras cosas, de nuestra autoconfianza | IMAGEN DE LA RED

¿Cómo alimentar la confianza?

La confianza es un tesoro que nos ayuda a crecer, a progresar y a desarrollarnos, por ello te apunto unas cuantas ideas para alimentarla.

  • Hay que atenderla y cuidarla.
  • Hay que respetar los altibajos, entendiendo que no siempre es bueno optar por el “todo o nada”.
  • Las personas comprometidas con alimentar la confianza son honestas, reconocen a quienes cumplen con sus compromisos y reclaman a quienes no lo hacen.
  • Pero también piden disculpas cuando se equivocan y saben perdonar.
  • No olvides que la sinceridad requiere de una buena autoconfianza, trabajártela todo lo que puedas.

Cuando alguien confía en nosotros/as nos está ayudando a crecer y a desarrollarnos, aumentando así la calidad de nuestras relaciones interpersonales.

No dejes que tu confianza se haga famélica, aliméntala bien.

 

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